domingo, 16 de diciembre de 2012

Principios bíblicos para la vida



    Hola, 

    En esta ocasión queremos traerte un mensaje de Charles Stanley, que nos comparte 30 Principios que la biblia nos enseña para una vida bajo la bendición del Señor.  por lo que escuchar a Dios es esencial para andar con Él.

    Principio 1
    Nuestra intimidad con Dios, que es su prioridad para nosotros, determina el impacto que causen nuestras vidas. Génesis 1.26
     
    Principio 2
    Obedezcamos a Dios y dejemos las consecuencias en sus manos. Éxodo 19.5
     
    Principio 3
    La Palabra de Dios es ancla inconmovible en las tormentas. Números 23.19
     
    Principio 4
    Estar conscientes de la presencia de Dios nos da energías para desempeñar nuestro trabajo. Deuteronomio 20.1
     
    Principio 5
    Dios no nos demanda que entendamos su voluntad, sino que la obedezcamos aunque nos parezca poco razonable. Josué 3.8
     
    Principio 6
    Cosechamos lo que sembramos, más de lo que sembramos, después de sembrarlo. Jueces 2.1-4
     
    Principio 7
    Los momentos sombríos durarán solo el tiempo necesario para que Dios lleve a cabo su propósito en nosotros. 1 Samuel 30.1-6
     
    Principio 8
    Libremos nuestras batallas de rodillas y siempre obtendremos la victoria. 2 Samuel 15.31
     
    Principio 9
    Confiar en Dios quiere decir ver más allá de lo que podemos, hacia lo que Dios ve. 2 Reyes 6.17
     
    Principio 10
    Si es necesario, Dios moverá cielo y tierra para mostrarnos su voluntad. 2 Crónicas 20.12
     
    Principio 11 
    Dios asume toda la responsabilidad en cuanto a nuestras necesidades, si lo obedecemos. Job 42.7-17
     
    Principio 12
    La paz con Dios es fruto de nuestra unidad con Él. Salmo 4.8
     
    Principio 13
    Escuchar a Dios es esencial para andar con Él. Salmo 81.8
     
    Principio 14
    Dios actúa a favor de quienes esperan en Él. Isaías 64.4
     
    Principio 15
    El quebrantamiento es el requisito de Dios para que seamos útiles al máximo. Jeremías 15.19
     
    Principio 16
    Todo lo que adquirimos fuera de la voluntad de Dios termina convirtiéndose en cenizas. Ezequiel 25.6, 7
     
    Principio 17
    De rodillas somos más altos y más fuertes. Daniel 6.10, 11
     
    Principio 18
    Como hijos del Dios soberano, jamás somos víctimas de nuestras circunstancias. Oseas 3.4, 5
     
    Principio 19
    Todo aquello a lo que nos aferremos, lo perderemos. Amós 6.6, 7
     
    Principio 20
    Las decepciones son inevitables; el desánimo es por elección nuestra. Habacuc 3.17-19
     
    Principio 21
    La obediencia siempre trae bendición consigo. Lucas 11.28
     
    Principio 22
    Andar en el Espíritu es obedecer las indicaciones iniciales del Espíritu. Hechos 10.19
     
    Principio 23
    Jamás podremos superar a Dios en generosidad. 2 Corintios 9.8
     
    Principio 24
    Vivir la vida cristiana es permitir al Señor Jesús vivir su vida en y por medio de nosotros. Gálatas 2.20
     
    Principio 25
    Dios nos bendice para que nosotros podamos bendecir a otros. Efesios 4.28
     
    Principio 26
    La adversidad es un puente que nos conduce a una relación más profunda con Dios. Filipenses 3.10, 11
     
    Principio 27
    No hay nada como la oración para ahorrar tiempo. 2 Tesalonicenses 3.1
     
    Principio 28 Ningún creyente ha sido llamado a transitar solitario en su peregrinaje de fe. Hebreos 10.24, 25
     
    Principio 29 Aprendemos más en nuestras experiencias por el valle de lágrimas que en las de la cumbre del éxito. Santiago 5.10
     
    Principio 30: El deseo ferviente del regreso del Señor nos mantiene viviendo productivamente. Apocalipsis 22.12 

DIOS te bendiga grandemente y te colme de sus bendiciones para que estos principios sean una regla en tu vida y así agrademos a nuestro Padre Celestial.


sábado, 29 de septiembre de 2012

lunes, 20 de agosto de 2012

La oración de Fe

Cuando hacemos la oración de fe, estamos orando la voluntad de Dios para que se hagan las cosas en la tierra como se hacen en el cielo.


La oración de fe es valiente y se hace desde un fundamento de fe sólido. La persona que hace esta oración está segura de la voluntad de Dios para la situación o el asunto entre manos.
Tiene seguridad y esperanza, sabiendo que es la voluntad de Dios responder a su oración. "La oración de fe tiene poder. La oración de fe tiene confianza. La oración de fe tiene sanidad para el cuerpo y el alma".

La Iglesia del Nuevo Testamento estaba haciendo este tipo de oración cuando oraba por Pedro. Justamente en medio de su oración oyeron golpes en la puerta, y era Pedro. Se quedaron asombrados.
Podemos ver muchos otros ejemplos de esta oración en el ministerio de Jesús, los apóstoles y en nuestras vidas hoy. Los apóstoles oraron sabiendo cuál era la voluntad de Dios para las situaciones que afrontaban.


Muchos creyentes temen que cuando dejen las cosas para que se haga la "voluntad de Dios", de algún modo no recibirán la solución, provisión, sanidad o liberación que necesitan. Pero no conocen la voluntad de Dios para ellos. Según la oración modelo que Jesús dio a sus discípulos en Mateo 6:9-11, debemos orar para que se haga la voluntad de Dios. Pero la gente "renuncia a su inteligencia en ese punto ante el Dios desconocido... No dice: 'Si es tu voluntad' y se detiene ahí. Hay una coma aquí, no un punto. La oración es esta: 'Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra' (Lucas 11:2)". Yo diría que hay una diferencia significativa.

Fe en la voluntad de Dios

Cuando hacemos la oración de fe, estamos orando la voluntad de Dios para que se hagan las cosas en la tierra como se hacen en el cielo. Aquí es donde es muy importante una revelación clara del Reino. ¿Hay enfermedad en el cielo? ¿Hay carencia en el cielo? ¿Hay alguna persona no salvada en el cielo? Debemos tener fe para creer que Dios quiere que su voluntad para nuestra salud, prosperidad y la salvación completa se manifieste no solo cuando vayamos al cielo sino también mientras habitamos en la tierra. Es para su gloria. Cuando las personas ven que Dios escucha a su pueblo y contesta sus oraciones, eso es un testimonio para Él. Las personas son atraídas a Dios cuando pueden ver mediante sus testigos que Él es un Dios que oye, y si oye, ellos saben que responderá.

Jesús dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10). Tiene usted que obtener la seguridad de que es la voluntad de Dios para usted, para que cuando ore, lo haga con confianza y fe en que Él responderá.

El Señor quiere que tengamos más fe. Cuando varios están orando juntos por la misma petición y uno ha hecho la oración de fe, el Espíritu Santo glorificará a Jesús dando testimonio de la oración que se ha oído... El Señor quiere que sepamos que Él nos ha oído. Tenemos que darle gracias y alabarle por responder, y eso nos ayudará mucho cuando oremos. —William Seymour

Una gran fe

Hay muchos tipos distintos de fe: (1) fe para ser salvo, (2) fe general en lo que a usted le parece real, (3) fe en que Dios es real, (4) fe en que su silla no se romperá cuando se siente sobre ella, etc. Pero de lo que estoy hablando es de otro tipo de fe, una fe especial. La Nueva Traducción Viviente dice: "A otro el mismo Espíritu le da gran fe" (1 Corintios 12:9). Esta fe, también denominada fe especial, es uno de los dones espirituales. Smith Wigglesworth dijo que usted a menudo verá que si da un paso de fe y usa su propia fe, la que tiene como cristiano, cuando se le acabe a menudo se activará esta fe sobrenatural. La razón por la que no les ha sucedido a muchas personas es porque no usan primero lo que ya tienen.

Cada creyente ya tiene una fe general o salvadora, la cual también es un don. Efesios 2:8 dice: "Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios". La fe por la que usted es salvo es un don de Dios, pero no es uno de los nueve dones del Espíritu. La fe salvadora usted la recibe oyendo la Palabra, porque la Biblia dice: "Así que la fe [fe salvadora] es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17).

La fe de la que estamos hablando, "fe especial", es distinta a la fe general o fe salvadora. Es una manifestación sobrenatural del Espíritu Santo mediante la cual un creyente es capacitado con una fe especial, o gran fe, que está por encima de la fe salvadora.

Este es el tipo de fe que usted necesita para mover las obstrucciones y los obstáculos de su camino. Enfermedad, problemas económicos, abuso, orgullo, desempleo, ataduras y fortalezas de todo tipo no podrán permanecer en su vida cuando usted ore con esta gran fe. ¡Se tienen que ir!


Lo único que tiene que hacer es creer, y nada será imposible para usted (Marcos 9:23). Eso es especial. Esta fe especial hará que hable usted a demonios tercos y les diga: "Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él" (v. 25).

La fe especial es la gran fe que Jesús tuvo durante su ministerio en la tierra, y Él dijo que nosotros caminaríamos en un poder incluso mayor y haríamos cosas mayores de las que Él hizo.

tomado de Avanzapormas.com. escrito by: John Eckhardt

martes, 9 de agosto de 2011

Adorar en espíritu y verdad

La adoración y la alabanza NO es solo cantar,
DIOS no recibe tu canto, ÉL recibe tu vida


La alabanza tienen que ver con decir algo bueno de alguien como una forma de agradecimiento y lo utilizamos mucho para referirnos a Dios; nadie merece ser adorado solo Dios, por lo tanto la adoración hace que nuestro enfoque se dirija a la persona correcta, es decir a DIOS, la adoración nos enfoca en EL que es el único merecedor de toda adoración y alabanza.

Una de las cosas más importante es en lo que termina el Capítulo 4 del Apocalipsis: La creación se suma a ellos para adorarle.

La adoración ineludiblemente nos lleva a la apersona del Señor Jesucristo y eso ayuda al corazón del ser humano y nos hace ver a todas las personas como iguales delante de ÉL. Cuando adoramos provoca que la presencia de DIOS descienda.

Hay un principio: DIOS siempre viene al encuentro de sus adoradores, esto no lo podemos evitar. Esta es una plataforma para el mover profético y el despertar de los dones y ministerios.

La adoración y la alabanza NO es solo cantar, DIOS no recibe tu canto, ÉL recibe tu vida, por lo tanto, si tu vida no es muy buena pero tu canto si lo es, DIOS no lo recibe; pero si tu vida es muy buena y tu canto no es muy bueno, DIOS lo recibe.

Adoración tiene que ver no solo con cantar, adoración tiene que ver con tu estilo de vivir diariamente, para que DIOS acepte tu ofrenda de canto. La adoración nos tare lo celestial del cielo y lo profético se activa.

Hay un orden de prioridades de la cual depende la eficacia de tu ministerio, también dependerá el grado e influencia y de convocatoria que tendrás con la gente, eso te dará la habilidad para activar milagros y provocar un mover profético. Estas prioridades son:

El ministerio prioritario es DIOS, el adorar a DIOS: La palabra de DIOS nos enseña amarás al Señor tu DIOS con todo tu corazón.

Ministrar a la iglesia: Somos levantados como ministerios para edificar el cuerpo, la Palabra de DIOS dice que El ha constituido apóstoles, profetas, evangelistas, pastores maestros, para edificar al pueblo.

Ministrar a los pecadores porque la adoración te impulsa hacia afuera

Dedicar tiempo para echar fuera demonios.

Cuando la iglesia no tiene en cuenta sus prioridades pierden su hogar, su matrimonio y sus hijos, por que no saben cual es su prioridad. Algunos piensan que su prioridad es la iglesia o su ministerio y dejan tirados sus hijos, pero cuando hay un orden de DIOS el hombre debe dedicarse en este orden a:
Su esposa
Sus hijos
Su iglesia
Ministerio

Pero cuando no llevamos este orden, no vemos estos frutos personales ni ministeriales y cuando no enseñamos ni practicamos esto, la iglesia entra en un naturalidad y no hay fluir espiritual.
La alabanza provoca algo en el alma, es decir provoca algo en los pensamientos, sentimientos y en la voluntad de las personas.

La adoración es del Espíritu y requiere de un conocimiento de DIOS, por eso la palabra de DIOS dice que: Él busca adoradores en espíritu y en verdad (Juan 4: 23).

La adoración es la llave que nos permite desatar todos los elementos proféticos.
Salmo 100. Algunas personas pierden la perspectiva de quien es DIOS. La principal adoración es la vida que yo llevo como persona, en el diario vivir que la adoración te sature, te eleve, como un altar de adoración, con una adoración continua, porque si dejamos que la adoración a DIOS inunde nuestra casa va a suceder lo que ocurrió con la llegada del Arca de Dios a la casa de Obed –Edom (2 Samuel 6:12). Es comprender que al establecer adoración en tu casa, los enemigos de la presencia de DIOS huyen.

2 Samuel 6:6-7, Uza (representa la fuerza humana), él murió después de tocar el Arca de Dios, porque no es con fuerza humana que se hacen las cosas, no es con conocimiento humano, no es con “mi yo”, ni con mi habilidad que yo voy a traer la presencia de DIOS.

Obed es un siervo, cuando él probó la presencia de DIOS en su casa, fue impactado por la presencia de DIOS y fue prosperado en todo. Obed vivía en forma honorable; DIOS nos bendecirá como a Obed, cuando nos dejemos impregnar de Su Presencia, entonces ÉL bendecirá nuestra forma de vivir. La Gloria de DIOS estuvo mucho tiempo en la casa de Obed-Edom, DIOS se asentó ahí, trajo un llamado para él y para su descendencia para cuidar el Arca de Dios.
Vemos en esta historia que David escudriñó la Palabra de DIOS para saber en que punto del camino no hicimos lo que la Palabra nos enseña y trajimos muerte. David sabía que su mal proceder no venía de DIOS. Muchas de las cosas que suceden no son culpa de DIOS, ni del diablo tampoco, sino que son el resultado de nuestros errores, porque recogemos la cosecha de lo que sembramos por nuestro proceder.
David a la siguiente vez que tuvo que transportar el Arca de DIOS, hizo lo que la Palabra de DIOS enseña sobre la forma adecuada de transportarla; en 2 Samuel 6:13, nos muestra como David sacrificó dos animales como símbolo de planificación de las obras del hombre, esto representa el santificar simbólicamente el proceder y el caminar de todo el pueblo para que DIOS se manifestara con Gloria.

Hermanos lo mismo debemos hacer nosotros, verificar según las Escrituras para saber que es lo que estamos haciendo mal y empezar hacer las cosas conforme las Escrituras nos enseñan.

David y salomón fueron hombres con muchos errores, pero prepararon un pueblo para entender que la adoración no es trabajo de 5 personas. David entendió que si él lograba que DIOS descendiera y lograba mantener la Gloria de DIOS en Israel, no habría enemigo que los venciera y los derrotara. Pero David no podía hacerlo solo, por ello preparó cantores (miles de cantores), trompetistas , salmistas proféticos que se turnaban, gente ordenada que se mantenían junto al Arca adorando a DIOS 24 horas, 7 días de la semana, 365 días al año durante 30 años. David vivió para que a DIOS se le diera honra y gloria todos los días en Israel.

En Juan 4, Cuando la Samaritana le preguntó a Jesús, Él le respondió: “Se ha de adorar al padre en Espíritu y en verdad, por que tales adoradores ÉL busca”.

La protección de DIOS viene cuando el pueblo se convierte en un pueblo adorador porque la nube de DIOS se establece sobre esa nación adoradora.

Tomado de http://www.avanzapormas.com/

lunes, 18 de julio de 2011

"La santidad es para ti"

PORQUE EL PECADO NO SE  ENSEÑOREARÁ DE VOSOTROS;  PUES NO ESTÁIS BAJO LA LEY,  SINO BAJO LA GRACIA.
Romanos 6:14

Dios espera que todo creyente viva una vida santa. Pero la santidad no es algo que se espera de nosotros simplemente; forma parte de un derecho de nacimiento prometido a cada creyente. La afirmación de Pablo es acertada. El pecado no se ha de enseñorear de nosotros.

El concepto de la santidad puede resultarle un tanto antiguo a la generación actual. En algunas personas la sola mención de la palabra santidad evoca imágenes de un cabello armado en rodetes, de faldas largas y de medias negras. Otras personas asocian el concepto con una actitud chocante que expresa la idea de que “yo soy más santo que tú”. Con todo, la santidad es un concepto escriturario muy claro. La palabra santo aparece más de 600 veces en la Biblia en diversas formas. Hay un libro entero, el de Levítico, que está dedicado al tema, y la idea de la santidad está entretejida en otras partes de las Escrituras en toda su extensión. Y lo que es más importante todavía, Dios nos ha mandado explícitamente que seamos santos (Levítico 11:44: Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra).

La idea de cómo llegar a ser santos ha sufrido variaciones como consecuencia de numerosos conceptos falsos. En algunos círculos, la santidad equivale a tener en cuenta una serie de prohibiciones — generalmente en cuestiones tales como el cigarrillo, la bebida y el baile. La lista de prohibiciones varía según el grupo de que se trate. Cuando seguimos un enfoque tal para alcanzar la santidad, corremos el peligro de volvernos como los fariseos, con su interminable lista de trivialidades a observar o a evitar, y actitud de auto justificación. Para otros, la santidad significa un estilo particular de vestimenta y de modos de obrar. Para otros, en fin, significa una perfección inalcanzable, idea ésta que conduce, ya sea al autoengaño o bien al desaliento en cuanto al propio pecado.

Todas estas ideas, si bien son acertadas en alguna medida, pierden de vista el concepto central.

Ser santos significa ser moralmente intachables. Es estar apartados del pecado y, por consiguiente, estar consagrados a Dios.

La palabra santo significa “separado para Dios, y la conducta que corresponde al que de este modo está apartado”.

Tal vez el mejor modo de comprender la idea de la santidad, consista en observar cómo usaban esta palabra los escritores del Nuevo Testamento.

En 1 Tesalonicenses 4:3-7 Pablo usó el término en contraste con una vida caracterizada por la inmoralidad y la inmundicia.

Pedro lo usó en contraste con la vida vivida de conformidad con los deseos pecaminosos que teníamos cuando vivíamos alejados de Cristo (1 Pedro 1:14-16: 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;
16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo).

Juan contrastó al que es santo con el que es vil y hace lo malo (Apocalipsis 22:11). Vivir una vida santa, por lo tanto, es vivir una vida de conformidad con los preceptos morales de la Biblia, y en contraste con la orientación pecaminosa del mundo. Es vivir una vida que se caracteriza por “(despojarnos) del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos. . . y (vestirnos) del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22,24).

Por consiguiente, si la santidad es tan fundamental para la vida cristiana,

¿Por qué no la experimentamos en mayor medida en la vida cotidiana?
¿Por qué son tantos los creyentes que se sienten constantemente derrotados en su lucha contra el pecado?
¿Por qué a menudo la iglesia de Jesucristo parece conformarse más al mundo que la rodea, que a Dios?

A riesgo de aparecer extremadamente simplistas, las respuestas a las preguntas enunciadas pueden agruparse en tres áreas básicas de problemas.

El primer problema es que nuestra actitud hacia el pecado se centra en nosotros mismos más bien que en Dios. Nos preocupa más nuestra propia “victoria” sobre el pecado, que el hecho de que nuestros pecados entristecen el corazón de Dios. No podemos aceptar el fracaso en nuestra lucha con el pecado, principalmente porque nuestra vida está orientada hacia el éxito, y no porque sepamos que el pecado ofende a Dios.

W. S. Plumer escribió: “Jamás veremos el pecado a la luz que corresponde, mientras no lo veamos como algo cometido contra Dios.

Todo pecado se comete contra Dios en el siguiente sentido: que es la ley de Dios a la que se quebranta, que es su autoridad a la que se menosprecia, que es su dominio al que se desecha. . . Faraón y Balaam,

Saúl y Judas, todos ellos dijeron: ‘He pecado’; pero el hijo pródigo volvió diciendo: ‘He pecado contra el cielo y contra ti’; y David exclamó: ‘Contra ti, contra ti solo he pecado’.”

Dios quiere que seamos obedientes — no necesariamente victoriosos. La obediencia está orientada hacia Dios; la victoria está orientada hacia uno mismo. Podría parecer que estamos haciendo averiguaciones por asuntos semánticos, pero es que en la raíz de muchos de nuestros problemas relacionados con el pecado, hay una sutil actitud egocéntrica. Mientras no reconozcamos la existencia de esa actitud y no la resolvamos adecuadamente, no podremos vivir una vida de santidad en forma consecuente.

Esto no quiere decir que Dios no quiera que conozcamos la experiencia de la victoria; más bien lo que queremos destacar es que la victoria es un subproducto de la obediencia. En la medida que nos dediquemos a vivir una vida obediente y santa, conoceremos con toda seguridad el gozo de la victoria sobre el pecado.

El segundo problema consiste en que entendemos mal la frase “vivir por la fe” (Gálatas 2:20), suponiendo que significa que no se nos exige ningún esfuerzo para alcanzar la santidad. Más todavía, algunas veces se ha llegado a sugerir que cualquier esfuerzo hecho por nuestra parte, es “de la carne”.

Las palabras de J. C. Ryle, obispo de Liverpool, Inglaterra — de 1880 a 1900 — son instructivas en este contexto: “¿Resulta sabio proclamar de modo tan directo, tan manifiesto y tan total como lo hacen muchos, que la santidad de la persona convertida se logra por la fe sola, y de ningún modo mediante el esfuerzo personal? ¿Responde a la medida de la Palabra de Dios? Lo dudo.

Que la fe en Cristo es la raíz de toda santidad. . . ningún creyente suficientemente adoctrinado se atrevería a negar jamás. Pero no cabe duda de que las Escrituras nos enseñan que, al procurar la santidad, el creyente verdadero tiene que esforzarse y afanarse personalmente, además de ejercitar su fe.”

Tenemos que afrontar el hecho de que somos personalmente responsables de nuestro andar en santidad. Cierto domingo el pastor de nuestra congregación dijo en su sermón palabras equivalentes a estas; “Podemos eliminar ese hábito que nos ha dominado si es que realmente queremos hacerlo”.

Por cuanto él se refería a un hábito en particular que para mí no constituía problema alguno, rápidamente asentí mentalmente a sus palabras. Pero luego el Espíritu Santo me dijo: “Y tú también puedes eliminar los hábitos pecaminosos que te acosan, si estás dispuesto a aceptar tu responsabilidad personal en cuanto a los mismos.” El hecho de reconocer que, efectivamente, era responsabilidad mía, resultó ser un jalón importante para mí en mi propia búsqueda de la santidad.

El tercer problema es que no tomamos en serio algunas clases de pecados. Mentalmente hemos categorizado a los pecados en dos grupos: los que resultan inaceptables y los que se pueden admitir en alguna medida. Un incidente que ocurrió cuando estaba terminando de escribir este libro sirve de ilustración para este problema. Nuestra oficina venía usando en forma temporaria una casa rodante para el trabajo, mientras se terminaba una ampliación. La propiedad que tenemos no está autorizada para alojar casas rodantes, y en consecuencia, tuvimos que solicitar un permiso especial para usarla en la propiedad. Hubo que renovar el permiso varias veces. El último permiso venció justamente cuando se estaba completando la ampliación del edificio, pero antes de que tuviéramos tiempo de hacer el traslado en forma ordenada. Esta circunstancia le planteó un problema al departamento que ocupaba la casa rodante.

En una reunión en que se consideró el problema, alguien hizo la siguiente pregunta: “¿Qué problema habría de haber si fuéramos a ese departamento en la casa rodante por unos días más?”

Pues, ¿qué problema iría a haber? Después de todo, la casa rodante estaba ubicada detrás de unas colinas donde nadie la notaría. Y legalmente no teníamos que trasladar la casa rodante, sino solamente desocuparla. De modo que, ¿qué diferencia haría si nos excedíamos por unos días?

¿Acaso la insistencia en obedecer la letra de la ley no equivale a un legalismo exagerado?

Sin embargo, las Escrituras nos dicen que las “zorras pequeñas. . . echan a perder las viñas” (Cantares 2:15). Y es justamente el ceder en las cuestiones pequeñas lo que conduce a los deslices más grandes. Además, ¿quién puede afirmar que ignorar ligeramente la ley civil no constituye un pecado serio a la vista de Dios?

Al comentar algunas de las leyes dietéticas más minuciosas del Antiguo Testamento, dadas por Dios a los hijos de Israel, Andrew Donar expresó lo siguiente:

“No es la importancia de la cuestión, sino la majestad del Legislador, lo que debe tomarse como norma para la obediencia. . . Por cierto que alguno podría considerar que estas reglas minuciosas y arbitrarias no tienen importancia. Pero el principio que está en juego al obedecer o al desobedecer dichas reglas es, ni más ni menos, el mismo principio que estaba en juego en el Edén al pie del árbol prohibido. En realidad el principio es el siguiente:

¿Ha de ser obedecido el Señor absolutamente en todo lo que manda?
¿Es Dios un Legislador santo?
¿Están obligadas sus criaturas a rendir asentimiento implícito a su voluntad?”
¿Estamos dispuestos a considerar que el pecado es “pecado”, no porque sea grande o pequeño, sino porque lo prohíbe la ley de Dios?

No podemos categorizar al pecado si hemos de vivir una vida de santidad. Dios no nos va a permitir que nos escapemos por la tangente adoptando una actitud de este tipo.

...dedique el tiempo necesario a resolver estas cuestiones en su propio corazón.

¿Está dispuesto a comenzar a considerar al pecado como una ofensa contra un Dios santo, en lugar de verlo como derrota personal solamente?
¿Está dispuesto a aceptar su responsabilidad personal por sus pecados, comprendiendo que al hacerlo, tiene que aprender a depender de la gracia de Dios?
¿Y está dispuesto a obedecer a Dios en todas las áreas de la vida, por insignificante que sea la cuestión o la circunstancia?

...Aquí es donde comienza la santidad — no con nosotros mismos, sino con Dios. Sólo en la medida en que podamos ver la santidad de Dios, su absoluta pureza y su aborrecimiento moral para con el pecado, podremos comprender lo tremendo que es pecar contra un Dios santo. Comprender este hecho es el primer paso en la búsqueda de la santidad.

Fragmento tomado del libro "En pos de la santidad" de Jerry Bridges
Puedes comprar el libro a través de la internet


Oración: Dios mio, permíteme ver que cuando peco, peco contra ti, te ofendo y te entristezco. Ayúdame a cambiar, a santificarme para ti, para que estés contento de mi y por mi. Amén.
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